Feb
10

Soberbios paisajes sonoros

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Qué preciosidad de concierto el que anoche ofrecieron Neil Halstead y sus dos acompañantes en la sala Andia de Kutxa. El británico inauguró el circuito Kutxa Kultur Musika con un recital soberbio, sutil y arrebatadoramente bello: como suele decirse, canela fina. En formación de guitarra, piano y contrabajo -este último a cargo de Matthew P, que había actuado antes como telonero-, el trío dibujo hermosos paisajes sonoros con el pincel del folk más melancólico e introspectivo; tanto que apenas abrió los ojos durante la velada, ni siquiera cuando se dirigía al público. La pantalla proyectaba imágenes de otros paisajes, naturales y urbanos, mientras Halstead rasgaba su guitarra y cantaba con una voz delicada y evocadora que no olvidó rescatar algún tema de Mojave 3. Quienes os perdisteis esta maravilla de función, mejor que no leáis lo que han escrito Oier Aranzabal ni Loveof74. Pasaréis envidia cochina.

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Feb
8

Vicente Ameztoyren ‘Etxe-Ondotik’

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Julio Medem zuzendariaren Vacas filma ikustean izan nuen Vicente Ameztoy (1946-2001) artistaren lanaren berri estreinakoz. Gogoan izango dituzue hantxe agertzen ziren segalaria eta aizkolaria: hark egin zituen, lastoz eta adarrez. Txundituta geratu nintzen ikustean… Filmeko aitonak margotzen zituen koadroak ere oso deigarriak egin zitzaizkidan. Geroago jakin dut ez zuela Ameztoyk berak pintatu, ekoizleekin arazoak izan zituelako, baina bere eragina nabaria baino nabariagoa da.
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Feb
7

Lurrazpiko Festa

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Organizada por Ginmusica y Ayo Silver!, el centro Gazteszena de Donostia acogió el 2 de febrero la denominada Lurrazpiko Festa, que incluyó los conciertos de Veronica Falls, The Feeling of Love, Juanita y los Feos, Violeta Vil y Sonic Trash.
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Feb
4

Un concierto delicioso y (casi) sin aplausos

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Una antiquísima convención establece que en los conciertos uno aplaude  -si quiere y le gusta lo que está escuchando, claro- entre canción y canción. Se supone que los  aplausos y los vítores animan a los músicos y les ayudan a sentir en ese mismo instante la reacción del público. Hay excepciones a esa práctica y en las sesiones de jazz, por ejemplo, se puede jalear a los artistas incluso en la mitad de la interpretación, especialmente durante los solos. Y en el extremo opuesto se encuentran algunos recitales de música clásica o más intimista en las que los músicos piden expresamente a los espectadores que guarden silencio hasta el final de la función.

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