Feb
23

Chamán Axiari

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Todavía me cuesta entender por qué no había escuchado hablar del vocalista y músico Beñat Axiari (Donapaleu, 1947). Lo descubrimos en diciembre, tarde pero a tiempo, en el concierto de Joseba Irazoki & Lagunak en Lugaritz. Su manera de cantar, especialmente en la versión del Blue Crystal Fire de Robbie Basho, nos dejó absolutamente sobrecogidos, a todos y sin excepción. Ávidos de conocer más sobre esa voz extraterrestre, el jueves nos acercamos  al centro cultural Ernest Lluch de Amara, donde el artista de Iparralde actuó en formato de trío escoltado por Julen Axiari -suponemos que su hijo- a la batería y por el pianista Michel Queuille.

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Feb
21

Vivir en la voz de Mark Eitzel

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Sé que voy con un retraso imperdonable, pero me permitirán un breve apunte (más fotográfico que literario) sobre el concierto que ofreció Mark Eitzel hace  casi una semana en Hondarribia. Mi crónica favorita de la función es una frase de diez palabras, un haiku en definitiva. “Podría vivir en la voz de Mark Eitzel #zoragarria #psilocybenea”, tuiteó mi querida amiga y compañera de fatigas Ruth Pérez de Anucita (@anucita).

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Feb
17

Badu Bada… bazen

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Gaur arratsaldean itxi dute San Telmo museoan Badu Bada erakusketa. Joan den urteko azaroan ireki bazuten ere, gaur ikusi dugu, in extremis. Nahi baino maizago gertatzen zait erakusketak “datorren asterako” utzi eta azkenean epea bukatzea. Aukera hau, baina, ezin genuen alferrik galdu eta azken momentuan gozatu ahal izan dugu Bada Bada. Zorionak proiektuan parte hartu duten guztiei! Irudimen handiko bidaia izan da, didaktikoa bezain dibertigarria.

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Feb
14

Hasta que se enfríen las estrellas

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Solo he visto Cantando bajo la lluvia (1952) en dos ocasiones, ambas en pantalla grande. Alguno dirá: “Qué suertudo”. Y sí, algo extraño puede resultar, pero tampoco tanto. No olvidemos que vivimos en Donostia, una ciudad pequeña que sin embargo es sede del Festival de Cine, de la programación Nosferatu y de otras muchas entidades que nos endulzan la vida y nos educan la mirada cinematográfica. La primera vez fue, como todas las primeras veces, muy especial: una experiencia XXL. Corría el año 1996 y yo solo había vivido 19 septiembres. El espectáculo proyectado en la pantalla gigante del Velódromo de Anoeta me dejó sin palabras y, de paso, ayudó a derribar los estúpidos prejuicios que entonces tenía sobre el género musical.

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