Un rato realmente bueno

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Convertido desde hace meses en el Espacio 2016, el antiguo edificio de los Bomberos acogió el domingo la inauguración del Music Box Festibala, un atractivo programa de conciertos coproducidos por la capitalidad cultural y la promotora Ginmúsica para sorprender con propuestas en escenarios no habituales. La planta baja apareció engalanada con telones, luces sugerentes y proyecciones que realzaron el encanto de tan singular espacio.

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Lástima no haber tenido a mano las mangueras que antaño usaban los apagafuegos para dispersar con agua a presión a los amigos del postureo que no respetaron el concierto con su charla continua y despreocupada.

-¿Podéis dejar de hablar y dejarnos escuchar la música?

-¿Tú te crees que estás en la ópera o qué?

Sirva este diálogo real para ilustrar la falta de respeto de parte de las 400 personas que presuntamente habían ido a disfrutar de la música pero no cesaron de hablar, especialmente en la actuación de los teloneros: Manett. Ellos se lo perdieron porque los vizcainos ofrecieron una bellísima muestra de su delicado folk de raíz americana, construido sobre melodías evocadoras, cuidadas instrumentaciones, atinadas armonías vocales y bonitas letras en inglés -excepción hecha de la emocionante Ramita de mejorana en homenaje a Antonio López y Víctor Erice-. Quienes deseen apreciarlos sin interferencias, que esperen a un próximo directo o se arrimen a sus discos publicados en el sello Moonpalace Records. Canela fina.

Llegó el turno de los cabezas de cartel, que eran dos y no uno, por mucho que todo el mundo se refiriera al del domingo como “el concierto de Devendra” -así, sin apellidos-. Andy Cabic sorprendió a quienes no le conocían por su banda, Vetiver, y/o pensaban que sería un mero gregario de Banhart. Pues no. Cierto es que el texano de origen venezolano tiene un carácter más extrovertido o, quizá, populista -¿será bolivariano?-: su interpretación se acompaña de movimientos teatrales y su voz trémula, gorgoritos incluidos, es tan personal e intransferible como esos calcetines azules que tantos comentarios despertaron. Pero su colega Andy, más serio y menos afectado, exhibió una voz deslumbrante, rica en matices y emociones; tanto que para algunos fue el ganador del delicioso y amistoso mano a mano que ambos disputaron sin levantarse del taburete y con la desnuda compañía de dos guitarras: una eléctrica y otra acústica.

Como reza el estribillo de This Beard Is For Siobhan, la canción que cerró los bises, los espectadores pasaron un rato realmente bueno. “A real good time”, sí, y en la próxima cita -12 de junio con los grupos Motorama y Perlak en la terraza del Colegio de Arquitectos Técnicos- más y mejor: más respeto y, por tanto, mejor disfrute.

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