Zinemaldia 2014: visto para sentencia

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Es curioso y meritorio el caso de Carlos Vermut, que estrenó su ópera prima en Internet, y tres años después ha presentado en la Sección Oficial su segundo largometraje, Magical Girl, uno de los que mayor adhesión ha logrado ente la crítica. Siguiendo la senda de Diamond Flash, su estupendo debut, el madrileño ha perpetrado ahora un enfermizo artefacto que supura negrura por los cuatro costados: por su mala baba, por la crítica social que encierra y por una trama oscura como el tizón. Con una atmósfera enrarecida que mezcla cine noir, drama y humor sórdido, la película vale tanto por lo que dicen sus fotogramas como por lo que callan. La habilidosa manera en que Vermut dosifica la información hace que se multipliquen exponencialmente la extrañeza y los interrogantes: ¿Cuál es la relación entre los personajes? ¿Qué enigmas ocultan las cicatrices, la celda o la puerta del lagarto negro? Y sobre todo, ¿qué pasará ahora? Por si fuera poco, Magical Girl nace convertida en emblema, pues horas después de su primera proyección en Donostia, el rostro de Bárbara Lennie surcado por un hilo de sangre se había convertido ya en un icono del cine español. Como lo son también ese enigmático maestro encarnado por Jose Sacristán, el quejío de Manolo Caracol y su niña de fuego o la cría enferma de leucemia (gran descubrimiento el de la pequeña Lucía Pollán y su desarmante mirada) por la que estaría dispuesto a morir/matar cualquier padre, especialmente uno (Luis Bermejo) al que la crisis haya empujado al paro. Haz caso a tu instinto o a tu razón, a cualquiera de los dos, pero déjate torear por este largometraje cuanto se estrene. Es una de las películas más importantes del año.

Tigers, de Danis Tanovic, mereció tan solo el adjetivo de correcta. Es difícil ventilarse sin más una película que propugna un mensaje tan bienintencionado como el de este alegato contra una multinacional, Nestlé, que prima siempre el interés económico sobre la salud de los bebés en Pakistán, pero la película no destaca especialmente por sus valores cinematográficos. Al menos sirve para denunciar las prácticas de compañías sin ningún escrúpulo.

La última cinta proyectada en el concurso fue Vie Sauvage, una sorpresa de última hora muy bien dirigida por Cédric Khan y mejor interpretada por Mathieu Kassovitz y los dos pares de actores que encarnan a sus hijos en la infancia y adolescencia. Narra la historia de un padre que se fuga con sus hijos para evitar que la madre tenga la custodia y que decide vivir de manera nómada, en pleno contacto con la naturaleza. Dicho así, el argumento daba más miedo que un nublao, pero lo cierto es que la película plantea un dilema que hacen que el espectador esté continuamente preguntándose de qué lado está.

Fuera de concurso, Lasa eta Zabala no terminó desencadenando la polémica que muchos habíamos imaginado e incluso vaticinado. ¿Será porque la anhelada normalidad va cuajando en Euskadi? Tal vez. Sea como fuere, lo cierto en que los sectores más recalcitrantes de la prensa conservadora no han cargado las tintas contra la película de Pablo Malo, al menos no por cuestiones políticas. Al donostiarra se le ha reprochado, eso sí, que el filme se sujeta tanto al sumario que apenas brinda espacio a la emoción y a la caracterización de los personajes. Puede que sean los daños colaterales que ha sufrido el director por ser fiel a los hechos probados en el juicio. En cualquier caso, yo veo en esta película un buen thriller judicial conducido con muy buen pulso y que se disfruta/sufre de principio a fin por su ágil ritmo y trepidante montaje. Y eso por no hablar de la conveniencia de recordar una historia ante la que muchos prefieren mirar a otro lado y hacer como que no saben que los políticos y guardias civiles condenados a penas de hasta 75 años de cárcel cumplieron solo el 5% de las mismas.

Isaki Lacuesta volvía a Donostia tres años después de insultar a los críticos y periodistas que no comulgaron con Los pasos dobles, la película con la que finalmente ganó la Concha de Oro. Esta vez ha participado fuera de concurso en un cambio de registro hacia lo que él denomina esperpento punk. Bajo el título Murieron por encima de sus posibilidades, ha tardado dos años en rodarlo junto a un apabullante plantel de actores y actrices de primer nivel. Se supone que el hilarante punto de partida –un grupo de inadaptados vapuleados por la crisis pretenden secuestrar al director del Banco Central y hacerle pagar por sus pecados– tenía que desembocar en una orgía de risas y sarcasmo acerado, pero lo cierto es que el filme tira de brocha gorda con un estilo que chapotea en la crítica social burda e incluso chabacana. Se salvan un par de momentos gloriosos como la digresión de Raúl Arévalo sobre el 15-M y un monólogo destroyer que encima no fue escrito por Lacuesta, sino, como reconoce generosamente el director, por Albert Pla, que lo recita en la pantalla. Por lo demás, Murieron por encima de sus posibilidades cae fulminada ipso facto por un planteamiento que  la convierte en una suerte de Torrente dirigido por Pablo Iglesias: un Isaki inocuo y en absoluto subversivo.

Para finalizar, esta mañana hemos visto Samba, la película de clausura con la que Nakache y Toledano tratan de reeditar el pelotazo que dieron con Intocable, que en su día también cerró el Zinemaldia. Para ello, han utilizado el mismo protagonista, Omar Sy, y los mismos mimbres: una comercial mezcla de drama, comedia e inquietud social, si bien este último aspecto se aborda de manera edulcorada y poco realista -¿se acuerdan de las Princesas prostitutas de Fernando León?- . No llega a las cotas de su anterior trabajo, mucho más depurado en su guión y en la descripción de personajes, pero los directores han vuelto a firmar una película buenrollista con momentos divertidos y grandes interpretaciones: ¡qué bien está Charlotte Gainsbourg, con esa mirada inteligente y vulnerable! Esta samba no perdurará en el tiempo pero parece una opción digna para terminar una 62ª edición notable en cuanto a cine y sobresaliente en cuanto a presencia de estrellas.

Ahora confiemos en que ese balance positivo no quede arruinado por el fallo que el jurado anunciará hoy a las 20.30 horas en la lectura del palmarés, que si estuviera diseñado por un servidor, debería incluir las películas de mi Top-5, reflejado más abajo sin orden de preferencia. Alguno dirá, a juzgar por los primeros títulos de la lista, que soy muy chauvinista. Quizá sí, pero como diría Denzel Washington, “qué le voy a hacer si yooo, nací en el Mediterráneooo”.

  • Loreak.
  • Magical Girl.
  • La isla mínima.
  • The Drop.
  • Haemu / Phoenix (una u otra en función del día).

 

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