Zinemaldia 2014: paso del ecuador

Juan G. Andrés (@foteropanico)

La 62ª edición del Zinemaldia comenzaba hace cinco días con la proyección de The Equalizer, en la que Denzel ‘Carapalo’ Washington tardaba más de media hora en repartir estopa para luego emplear el resto del metraje en recuperar el tiempo perdido. Mezcla de Terminator 2 y Charles Bronson, su justiciero personaje se sumerge en un macabro bricomanía que consigue mantener a raya a los pérfidos rusos a base de taladro, maza, camping-gas y cualquier otro utensilio a la venta en su Leroy Merlin más cercano. En cuanto a su eficacia y rapidez, baste decir que a su lado Jack Bauer parece un mindundi aficinado. Conclusión: Fuqua estuvo muchísimo más atinado en Training Day, su anterior colaboración con Washington, donde había una trama más sólida y personajes interesantes. Imperdonable el spoiler de El viejo y el mar.

 
La primera cinta a concurso fue La isla mínima, a la sazón una de las mejores de la competición desde sus sugerentes planos aéreos iniciales hasta ese desesperanzador y nada complaciente final. El habilidoso Alberto Rodríguez borda un thriller sureño que convierte las marismas del Guadalquivir en una especie de sucursal española del delta del Misisipi o los Everglades de Florida. El turbio asesinato de dos niñas en 1980 dispara la investigación de dos policías antagónicos –estupendos Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez– cuya relación funciona, además, como tensa metáfora de la Transición. El modo en que el director de la también estupenda Grupo 7 asimila los códigos del cine yanqui es admirable, especialmente porque renuncia a copiar miméticamente y prefiere reflejar la idiosincrasia española. Además, el uso de las localizaciones es uno de los más sorprendentes de los últimos años.

Con François Ozon las expectativas eran altas, máxime porque hace dos años se llevó la Concha de Oro por la brillante En la casa y porque su último trabajo fue la inquietante Joven y bonita. En el potente arranque de Una nueva amiga brillan una tétrica sesión de maquillaje y la secuencia que en diez minutos describe una gran amistad contada al estilo de Up. A partir de entonces, y una vez descubierta la premisa argumental, la película más almodovariana del director galo alterna momentos oscuros y muy atrevidos con un tono de comedia que a algunos nos pareció lo menos interesante. Es un Ozon menor, sí, pero merece la pena disfrutar de los conflictos de identidad de los personajes y de las actuaciones de Romain Duris y Anaïs Demoustier.

Silent Heart recibió una gran ovación en su pase del Kursaal. El público salió emocionado tras asistir a una tremenda historia de eutanasia contada con buen pulso y sin sensiblería por el danés Bille August. Supongo que no tardaré en olvidar la historia que narra, pero se agradece que el veterano realizador haya tratado tan espinosa cuestión de modo nada efectista e incluso añadiendo algunas gotas de humor cañamero.

Muchos han querido ver en Autómata la excusa perfecta para traer a Antonio Banderas a Donostia. El actor protagoniza y produce esta cinta de ciencia ficción dirigida por Gabe Ibáñez que brinda al espectador la oportunidad de ver cosas que no creería: tras un planteamiento argumental interesante, la acción y sus personajes comienzan a escorarse hacia el ridículo con un Banderas pasado de rosca que predica a gritos en el desierto (“¡Soy humano, soy humano!”) y se marca un sonrojante baile con una robot que tiene la voz de su exmujer, Melanie Griffith. No sabemos si las lágrimas que derramó el malagueño en una de las entrevistas de estos días estaban más motivadas por su divorcio o por los palos que ha recibido su película. “Errare humanum est”. Una pena…


El cine de género parece estar alumbrando los mejores frutos de esta edición, pues The Drop, película estadounidense del belga Michael Roskam, ha cosechado gran cantidad de elogios. Parte de la culpa es de Dennis Lehane, conocido escritor de novela policiaca (Mystic River, Shutter Island) que escribió el guión de la película, aunque también destacan los actores Tom Hardy, con un personaje muy enigmático; Noomi Rapace y un estupendo James Gandolfini en su último papel para el cine. Curiosamente, el director opta por un ritmo pausado que enturbia aún más la malsana atmósfera de un filme que se resuelve con un magnífico e inesperado giro.

Sorprendió escuchar tanta alabanza en la rueda de prensa porque, ciertamente, Susanne Bier no ha estado muy atinada en A Second Chance, en la que actúa el danés Nikolaj Coster-Waldau, o lo que es lo mismo, el matarreyes Jaime Lannister de Juego de Tronos. Es como si la directora se hubiera puesto ciega a carlsbergs y hubiera perdido el rumbo de este drama disonante en el que todo chirría: desde los bebés de látex hasta el caricaturesco yonqui gritón, pasando por un libreto inverosímil en el que la mesura brilla por su ausencia porque todo es pura hipérbole.

Casanova Variations no es un filme para todos los públicos. Muchos de sus detractores lo califican de pretencioso y no seré yo quien lo niegue porque el adjetivo encaja a la perfección con el modo en el que el director Michael Sturminger ha utilizado sus materiales. Pero el caso es que me he sentido cómodo ante este original híbrido de cine, ópera y teatro. John Malkovich encarna al seductor veneciano en pleno siglo XVIII y también se interpreta a sí mismo dándole vida en el teatro. Esta especie de Cómo ser Giacomo Casanova juega con los límites y reflejos de realidad y ficción con una ambiciosa apuesta formal que ha espantado a varios espectadores de las proyecciones.

El alemán Christian Petzold participó con Phoenix, otra de las favoritas de la competición. El autor de ‘Barbara’ sigue indagando en el pasado reciente de su país y continúa utilizando como protagonista a Nina Hoss, que interpreta brillantemente a una judía que, tras sobrevivir al campo de concentración, camina por las calles de Berlín en busca de su marido como un alma en pena. La reconstrucción del rostro de la mujer, desfigurado por un disparo, sirve de metáfora de la reconstrucción de un país devastado por la II Guerra Mundial. Entiendo y comparto las críticas de quienes no dan crédito a que el marido no reconozca a su esposa cuando se encuentran: habrá cambiado de rostro, pero sus ojos, su voz, sus manos… siguen siendo los mismos. Es la parte más endeble de una película que, por lo demás, mantiene un tono entre inquietante y perverso, además de un desenlace absolutamente impecable. Quizá sea ese final memorable lo que hace más fácil perdonarle su falta de verosimilitud.

Y finalmente, gracias a una confusión con el horario, ayer hice la proeza de ver una película –primera y última- al margen de la Sección Oficial: Negociador, incluida en Zabaltegi. No soy nada fan de Borja Cobeaga; ya no es que no me haga gracia el guión de ‘Ocho apellidos vascos’, sino que tampoco me despiertan simpatía sus películas Pagafantas y No controles. Hasta la fecha, mi preferido era el reciente ‘Democracia’, un cortometraje cabrón que parece haber marcado el cambio de tercio hacia un humor menos esclavo del gag y más vinculado a la extrañeza que surge de lo cotidiano. En este largometraje rodado en plan guerrillero, Cobeaga relata libremente la negociación del socialista Jesús Eguiguren con ETA y centra su mirada en las cuestiones más periféricas y peregrinas, utilizando un humor más sutil, lento y melancólico: los problemas de terminología y de idiomas, la intendencia alimentaria, los politonos del móvil y otras miserias diarias… Barea hace el papel de Eguiguren mientras que los miembros de ETA Josu Ternera y Thierry son Josean Bengoetxea y Carlos Areces. Veremos cómo cae esta historia en los dos mundos representados en ella, pero ayer mismo varios parecían ya escocidos: unos porque se ridiculiza al político socialista y otros porque deja a los de la pistola como más tontos. Nadie dijo que la comedia debía ser un territorio cómodo y siendo este un país (¿Euskal Herria, País Vasco, Euskadi o Vascongadas?) tan chanante, lo mismo esta película causa más revuelo que Lasa eta Zabala.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *