Un festival para ponerse las botas

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Los responsables del festival Donostikluba suelen aludir siempre al carácter íntimo y familiar de una cita en la que los músicos están más cerca del espectador que en ningún otro sitio: cerca en todos los sentidos, en el físico y también en el emocional. Artistas y espectadores -suele recordar Sergio Cruzado- entran y salen por la misma puerta; comparten conversaciones, cervezas y anécdotas; se dedican elogios mutuos; disfrutan de la música de un modo inusualmente directo… A cualquiera que no haya tenido la fortuna de disfrutar de este festival de “conciertos XL en formato mini” todo esto le puede sonar a lenguaje hueco y a marketing, pero quien estuvo anoche en la primera de las tres jornadas de Donostikluba, sabe que es una verdad tan grande como ese templo musical llamado Gazteszena.


La noche empezó puntual con el intimísimo concierto que ofreció Bill Ryder Jones para un selecto auditorio de apenas unas 20 personas. Después se sumaron algunas más -no muchas- a un recital soberbio, exquisito y lleno de matices, los que contienen las melodías de este músico inglés que militó en The Coral. El joven ha dejado de lado los sonidos más rockeros para pasarse al lado luminoso de un folk rebonito, cantado con la nostalgia y la melancolía de una voz que encuentra sedoso acomodo en las melodías de una banda acústica que sabe hilar fino. Mientras aguardamos su retorno -dicen por aquí que no tardará en volver-, escucharemos al menos una vez al día esta maravilla de disco: A Bad Wind Blows in My Heart.


Y tras la calma llegó la tempestad desatada por el dúo catalán ZA!, una de las propuestas más libres y divertidamente locas que hemos visto recientemente por estos pagos. Papa Dupau y Spazzfrica Ehd (los nombres prometen, ¿eh?) entraron al escenario por el mismo lugar que el público, la puerta principal. Porque allí comenzó su concierto, en el exterior de Gazteszena, donde uno tocaba la trompeta en plan free jazz y el otro atacaba con las baquetas cualquier mueble o cosa que se le pusiera delante en su camino al escenario, al que accedieron, no por la puerta de atrás, sino abriéndose paso entre el público y subiéndose literamente a él. Lo que vino a continuación fue una hora insólita de estilos, ritmos y loops tan diametralmente opuestos que se diría que ZA! son como la niña del exorcista, capaz de hablar en cantidad de idiomas: rock, noise, psicodelia, jazz, heavy, grunge, hip hop… También, claro, parecen posesos por la dislocada forma en la que al zurdo Papa Dupau le gira la cabeza mientras toca la guitarra y por los espasmos que sufre  Spazzfrica Ehd aporrea la batería. Nunca la experimentación (o lo que sea) fue tan divertida. Y si no, que se lo digan a Ryder Jones y a su banda, que jalearon todo el concierto boquiabiertos y después dedicaron a ZA! un simpático tuit.


El impacto causado por ZA! seguía flotando en el aire cuando salió a escena Eleanor Friedberger, cuyas primeras palabras fueron para preguntar de dónde demonios había salido la banda que acababa de tocar. Ella viene de Oak Park (Illinois) y a juzgar por el calzado que gastaba anoche, parece seguir obedientemente el consejo que su exnovio Alex Kapranos le daba en la canción de Franz Ferdinand Eleanor Put Your Boots On. Es el suyo un rock de reminiscencias clásicas pero que suena perfectamente actual, sin adornos ni maquillaje de ningún tipo. La también integrante de The Fiery Furnaces, banda formada junto a su hermano Matthew Friedberger, cantó y tocó su Fender sin despeinarse ese flequillo que a punto está de cubrirle esos ojos tan serios. Sin aspavientos ni sombra del postureo tan propio de la manada indie, Eleanor y su grupo pusieron ritmo y clasicismo a una noche a la que le faltó muy poco para ser diversamente redonda.


Los últimos en tocar fueron los mallorquines LA, el grupo que menos me interesó de los cuatro que actuaron anoche. Todo, obviamente, es una cuestión de grupos personales, porque parte del público que aguantó hasta el final coreó todas y cada una de las canciones de una banda que factura un pop compacto y robusto pero que a un servidor se le antoja blandito, por mucho que el sonido fuera muy potente. Solo faltan unas horas para la segunda sesión del Donostikluba de este año: ponte las botas como Eleanor y acércate a Gazteszena, donde a partir de las 21.00 horas tenemos atracón de música con Kokoshca, Doble Pletina y Cohete, entre muchos otros.

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