Sin esperanza se encuentra lo inesperado

Juan G. Andrés (@foteropanico)

En el post cafre de ayer decíamos que nos faltaba La Película con mayúsculas de esta Sección Oficial y que esto no lo arreglaba ni Atom Egoyan. En cierto modo así ha sido, porque el director egipcio de origen armenio no ha estado tan atinado en su último trabajo (unas líneas más abajo lo comentamos). Pero esta mañana, cuando menos lo esperábamos, acabamos de ver un filme, el último a competición, bien interesante. El ministro de Exteriores de Quai d’Orsay nos ha prestado su librito rojo de citas de Heráclito y he encontrado una subrayada con fosforito que nos viene al pelo: “Sin esperanza se encuentra lo inesperado”.


Porque así ha llegado, sin esperarlo y en tiempo de descuento, La herida, ópera prima como director de Fernando Franco. Aunque anteriormente ha realizado algunos cortometrajes, su trabajo en el cine ha consistido en montar películas y por eso llama la atención que la suya esté construida básicamente con planos secuencia. Durante los cien minutos del metraje, la cámara no se separa ni un minuto de la protagonista: la sigue allá donde va, se encierra con ella en su habitación, en los baños públicos, en su ambulancia… y no aparta de ella su mirada aunque sepa que este personaje, con toda su angustia y toda su violencia automutiladora, resulta incómodo para el público. La profundidad de campo casi desaparece porque lo único importante para el director es esa joven que sufre lo que los psiquiatras llaman Trastorno Límite de Personalidad o síndrome border-line. Con ecos del cine de los Dardenne, Haneke o Rosales, Franco realiza un valiente y arriesgado seguimiento de este alma torturada interpretada por una actriz mayúscula, Marian Álvarez, que mañana debería llevarse sí o sí la Concha de Plata. Además, y a juzgar por las impresiones recibidas esta mañana, La herida podría estar también muy cerca de la Concha de Oro  gracias a una historia que destila verdad por todos y cada uno de sus fotogramas.


Pero volvamos a Egoyan, a quien muchos cinéfilos han lapidado fieramente con la saña del forofo que se cisca en su equipo cuando este le falla. Tras la proyección de Devil’s Knot (Condenados), buena parte de la audiencia se puso de acuerdo en calificarla de telefilme, que fue lo más suave que se le llamó. En cierto modo, provoca cierta ternura asistir a un enfado tan monumental: eso significa que los seguidores del director de Exótica y El dulce porvenir aman sus obras anteriores y se sienten decepcionados porque les ha fallado. Sin embargo,  parece exagerado echar por la borda con tanta alegría un largometraje que sí, no cabe duda, es convencional y carece del sello de su autor, pero también posee imágenes que encierran una historia poderosa y un clima inquietante por momentos. En definitiva, si no viéramos en los títulos de crédito el nombre del director, igual la habríamos disfrutado más y sin tantos prejuicios. En cualquier caso, Condenados nos ha servido para ponernos tras la pista de una trilogía de documentales de HBO que gentes de buen criterio nos recomiendan por activa, pasiva y perifrástica: se han rodado durante diferentes épocas y, agrupados bajo el título Paradise Lost, pretenden arrojar luz sobre este truculento episodio en el que tres niños fueron brutalmente asesinados y otros tantos jóvenes enviados a prisión sin pruebas concluyentes.


Y ayer, en una jornada que parecía el día internacional de los hechos reales, asistimos a otra historia en clave de verdad-verdadera, en este caso ambientada en los Balcanes. Kym Vercoe, la protagonista de For Those Who Can Tell No Tales, se interpreta a sí misma, una turista australiana que descubrió que el hotel de Visegrado donde se alojó en unas vacaciones fue un centro de tortura en el que 200 mujeres fueron violadas durante la guerra. Tras regresar a Australia, la actriz y dramaturga quiso volver a la ciudad bosnia para realizar un homenaje íntimo a las víctimas. Allí descubrió que la población prefería mantener ocultos tan terribles hechos y entonces decidió urdir el montaje teatral que después serviría a la directora Jasmila Žbanić para crear esta película a caballo entre la ficción y el documental. Por mucho que lo que se nos cuenta sucediera, cuesta entender que alguien llegado de tan lejos decida cargar sobre sus espaldas con todo el dolor del mundo, máxime después de haberla visto al principio de la película en plan turista happy-flower. Dicho de otro modo, es imposible no empatizar con el discurso ideológico del filme, pero se hace difícil aceptar un discurso cinematográfico débil e incluso sensiblero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Warning: fsockopen(): php_network_getaddresses: getaddrinfo failed: Name or service not known in /homepages/0/d445924062/htdocs/app445924076/wp-content/plugins/sweetcaptcha-revolutionary-free-captcha-service/library/sweetcaptcha.php on line 81

Warning: fsockopen(): unable to connect to www.sweetcaptcha.com:80 (php_network_getaddresses: getaddrinfo failed: Name or service not known) in /homepages/0/d445924062/htdocs/app445924076/wp-content/plugins/sweetcaptcha-revolutionary-free-captcha-service/library/sweetcaptcha.php on line 81