Esperando un kiseki (milagro)

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Escribo estas líneas a la espera de ver los últimos tres títulos de un concurso en el que sigue sin aparecer La Gran Película con mayúsculas, esa que, como Dans La Maison, ganadora de la Concha de Oro de 2012, concite unanimidad total en torno a su calidad. Que a la Sección Oficial le faltan filmes de mayor fuste es algo que se puede comprobar solo recordando algunos trabajos del año pasado: además de la obra maestra de Ozon, también pudimos ver las muy estimables Le Capital, Blancanieves o The Attack. Si esto no lo soluciona alguien como Atom Egoyan, de quien hoy se proyecta Devil’s Knot, solo nos queda acudir a la vía del tren y esperar al cruce de trenes por si llega el milagro como en Kiseki, gran película de Hirokazu Kore-eda que, por cierto, compitió en el Festival hace dos años.

No me gustaría estar en el pellejo de Todd Haynes y los otros seis miembros del jurado que deben decidir el palmarés, aunque pagaría el precio de una entrada de cine por escuchar sus discusiones: ¡eso sí que tiene que ser un peliculón del quince! Desde hace algunos días, si yo tuviera que entregar hoy mismo la Concha de Oro, elegiría Caníbal, que no es redonda ni mucho menos, pero sí mi favorita ante la ausencia de otros largometrajes que me hayan gustado y/o perturbado más. Del trabajo de Martín Cuenca me atraen su tono oscuro y comedidamente truculento en contraste con unos encuadres bellísimos, su ritmo pausado y rutinario, la fotogenia de Granada, el peso de la religión y un Antonio de la Torre que no solo zurce, asesina y zampa señoritas: también se come la pantalla.


A partir de ahí, me resulta difícil decantarme por otras películas que, siempre según mi humilde criterio, merezcan el máximo galardón. Sí citaré entre las que me han complacido, más o menos, Enemy, aunque como ya expliqué aquí, puedo reconocer en ella los defectos que le achacan sus detractores. La que parece favorita de la crítica, Le Week-end, es una entretenida comedia sobre el amor en tiempos viejunos pero se me hace bastante convencional: por mucho que Kureishi esté detrás del guión y tenga diálogos (lógicamente) bien escritos, lo que más me gustó de ella fueron las interpretaciones de Jim Broadbent y Lindsay Duncan.


Siguiendo con la comedia, que parece ser el género que más ha convencido este año, lo pasé estupendamente con la trepidante Quai d’Orsay, que quizá no llega a la profundidad de Le capital pero logra que te partas la caja de la risa con la comiquera caricatura de ese ministro de exteriores armado con rotuladores verdes fosforitos, un libro de citas de Heráclito y una verborrea incontenible . También disfrute con lo último de David Trueba, Vivir es fácil con los ojos cerrados, una película de buenos sentimientos, optimista y luminosa como el sol de Almería y las canciones de los Beatles, pero no parece la típica película que pueda/merezca ganar el Zinemaldia.


Sin el entusiasmo que ha despertado en Juan Zapater, que la define como “la sorpresa de esta edición“, ayer me atrajo la mexicana Club Sándwich, una comedia de humor más sutil y una puesta en escena alargada pero muy particular, creada con las miradas, los silencios y los juegos cómplices de una madre y un hijo adolescente al que le empieza a picar la entrepierna. Curiosamente, la relación materno-filial vertebra también la acción de la otra cinta latinoamericana del concurso, la venezolana Pelo malo, que en los primeros días nos gustó más por su trasfondo social y urbano que por la historia humana que cuenta. Ahora que han pasado varias jornadas y tantas películas, este filme parece haber crecido en el recuerdo de muchos en un efecto de las características perversiones que suceden en los festivales…


Por lo demás, fuera de concurso reímos a mandíbula oscilobatiente con Las brujas de Zuagarramurdi, el enésimo desbarre de Álex de la Iglesia, mientras que en una sesión especial golfa –ya lo escribimos– pudimos sentir a flor de piel la mejor película que hayan registrado estas retinas en la presente edición: La vida de Adele. Por último, en el apartado Perlas vimos la preciosa Like Father, Like Son y la apabullante Gravity, un prodigio de la técnica cinematográfica con un 3D: cuidado porque desde tu butaca podrás extender la mano e intentar robarle una lágrima a Sandra Bullock, pero también deberás esquivar los cascotes de estaciones espaciales que pasarán rozando tu cabeza.

PD: He cometido el error de leer algunos tuits de compañeros que vieron anoche Devil’s Knot en el primer pase de prensa y sus comentarios presagian lo peor. Baste como muestra este de @iortizgscon. Conclusión: parece que esto no lo arregla ni Egoyan.

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