Emociones en primerísimo primer plano

Juan G. Andrés (@foteropanico)

En la tercera jornada del Zinemaldia, esa que en el periódico hemos bautizado con el nombre de el día de la bestia, toca hacer un breve repaso a lo visto hasta ahora, que es poco por motivos obvios y laborales. Tras el pase fuera de concurso de Futbolín, ayer se proyectaron las primeras películas que optan a la Concha de Oro. De ellas se podría decir, como afirma Juan Zapater en su atinada crítica diaria, que son bienintencionadas pero en cierto modo fallidas, y que cuentan historias que quizá habrían precisado de un envoltorio menor porque no cuentan historias tan grandes -no en vano, el propio Denis Villeneuve admitió que a su equipo le planteó Enemy como si fuera un cortometraje alargado-. Ahora bien: pese a sus imperfecciones, ambos, también la venezolana Pelo malo, cuentan con incontestables méritos.

Vayamos con la primera. Villeneuve concursa con una coproducción hispano-canadiense que posee evidentes ecos de Cronenberg, David Lynch e incluso de Kubrick. Se supone que es una adaptación de El hombre duplicado, novela de Saramago que no hemos tenido el gusto de catar, y que abunda en el manido tema del doble y el otro yo, así como en la necesidad de vivir otras vidas para escapar del vértigo que produce asomarse al abismo de la monotonía. Decía en Twitter que entiendo las críticas de quienes la han definido como un “quiero y no puedo” o un ejercicio de estilo vacuo y gratuito. En cierto modo lo es, pero a algunos –no a muchos– nos ha conquistado su estética perturbadora, su fotografía enfermiza (amarillo-hepatitis) y esa arquitectura tan fascinante como hostil. ¡Y la araña! No olvidemos esa araña que el chalado de guardia de la rueda de prensa comparó con el monolito de 2001, una odisea del espacio

En general, ayer quizá gustó más Pelo malo, de Mariana Rondón, que narra la historia de un niño que sueña con alisar sus rebeldes rizos para parecer un cantante de moda. Su madre, una viuda desempleada y temerosa de que su vástago sufra lo que ella considera una desviación sexual, proyecta todas sus frustraciones en el pequeño, personaje encarnado por un talentoso chaval de nueve años. La actriz principal también hace un trabajo interpretativo loable, aunque su personaje despierte irritación demasiado a menudo. Más que la historia humana, de esta película me atrae el trasfondo social, ese paisaje construido de abominables colmenas humanos, esos disparos que suenan siempre fuera de plano sugiriendo una violencia demasiado latente…

Dado que en la Sección Oficial no ha aparecido aún la Película que todos esperamos, si hay un apartado en el que jugar sobre seguro, ese es Perlas, donde hemos visto los mejores títulos de este festival. Hirokazu Kore-eda presentó anoche De tal padre, tal hijo, su última película, una tremendo drama sobre hijos y padres contado sin sobresaltos, con esa ternura tan propia del maestro japonés que es capaz de pasar del llanto a la sonrisa de manera natural. Al término de la proyección de anoche en el Kursaal 2, el director regresó a recibir el caluroso aplauso de un público, el donostiarra, que adora su cine. Confiemos en que cuando vuelva al Festival con una buena película a concurso el jurado miope de turno no le ignore ni le regale un premio de consolación.

Y si Kore-eda se mueve como nadie en el terreno de las emociones, Abdellatif Kechiche parece haberlas inventado. La vida de Adele, Palma de Oro en Cannes y Gran Premio Fipresci, solo se ha proyectado incomprensiblemente en un único e intempestivo pase, pero es una película magistral en sus todos y cada uno de sus 180 minutos: magistral por lo que cuenta, por cómo lo cuenta y por quiénes lo cuentan. El tándem integrado por las actrices Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos regala al espectador las interpretaciones más creíbles que uno haya visto en una pantalla grande en mucho tiempo. Ambas aparecen desnudas física y psicológicamente gracias a que el director coloca la cámara siempre a un palmo de sus expresivos rostros. El vínculo entre ambas chicas está contado con increíble hiperrealismo; tanto es así, que su relación parece traspasar la pantalla (sin necesidad de las ridículas gafas 3D) y el espectador casi percibe en su piel las caricias, los besos, los cunnilingus, los mocos y las lágrimas de las protagonistas. No tardará en estrenarse en salas comerciales… Que nadie se pierda esta maravillosa película en la que los sentimientos aparecen atrapados en primerísimo primer plano.

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