Adiós a El Productor

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Creo que fue el pasado jueves cuando con ocasión del fallecimiento de Tom Sharpe y Esther Williams en el mismo día, lancé el siguiente tuit: “Últimamente tengo la sensación de currar en la sección de Esquelas. Hoy la última página de Cultura parece la de obituarios…” Cuatro días después, es decir, ayer, nos desayunábamos con la triste noticia de la muerte de Elías Querejeta. En las últimas horas se han escrito cientos de cosas sobre su figura y sobre el medio centenar de películas que produjo. No es cuestión de reiterarlas aquí, así que os dejo los enlaces a los dos reportajes que hoy publico en Noticias de Gipuzkoa y recupero una vieja entrevista que no está disponible en Internet.

En el primer texto, el director del Zinemaldia, José Luis Rebordinos, el productor Koldo Zuazua y el cineasta Montxo Armendáriz opinan sobre él; en el segundo, quien lo hace es Eusebio Muñoa, gran amigo de la infancia que recuerda la niñez de ambos en Hernani y el paso de Elías por la Real Sociedad. A modo de homenaje, quiero recordar también la entrevista que le hice hace ya cinco años y que no he podido volver a publicar en la edición de hoy por problemas de espacio. La charla tuvo lugar en el hotel Londres, al que acudí con cierto temor infundado y de donde salí feliz por haber conocido al productor de algunas de mis películas favoritas: La caza, El espíritu de la colmena y El desencanto. La publicamos el 26 de abril de 2008.

Gracias por tantos años de buenas películas, maestro.

“El productor no impone; es la propia película la que debe tener voluntad de imponer cómo quiere ser”

Querejeta (Hernani, 1930) recibió ayer el premio especial del Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia por “su compromiso en el trabajo y por su lucha en defensa de los derechos humanos a lo largo de toda su filmografía y trayectoria profesional y personal”

Juan G. Andrés

DONOSTIA. La caza, El espíritu de la colmena, Pascual Duarte, Tasio, Cuando vuelvas a mi lado, Los lunes al sol… Todos estos títulos tienen en común su condición de grandes películas que fueron dirigidas por realizadores distintos a lo largo de diferentes épocas. Su producción, en cambio, corrió a cargo de la misma persona: Elías Querejeta. Al hernaniarra se le considera, con plena justicia, El Productor –así, con mayúsculas– del cine español, merced a una filmografía en la que su huella es más que evidente, por mucho que él insista una y otra vez en que no sabe nada de marcas ni sellos. Posdata. Quien se sienta impresionado por el escueto listado que abre estas líneas debe saber –si no lo sabe ya– que Querejeta ha producido medio centenar de filmes que son tan buenos o mejores que los citados.

Su lista de galardones es kilométrica. ¿Se acostumbra uno a los premios?
No, no. Los premios siempre son una sorpresa porque no te los esperas.

¿Pero las distinciones continúan siendo un revulsivo?
Sin duda. Y además generan una obligación, sobre todo si, como es el caso, el premio está relacionado con los derechos humanos. Porque ya sabemos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene formalmente mucho contenido y mucha importancia, pero en la práctica se lleva de aquella manera en muchos países.

¿Es más fácil hacer cine comprometido hoy en día?
Antes había que luchar contra fenómenos como la censura, que no permitía ningún tipo de acercamiento a la realidad, que era una cosa intocable durante el franquismo. Afortunadamente, al finalizar la dictadura las circunstancias históricas, políticas y sociales terminaron con ese fenómeno fantasmagórico y horroroso. Ahora es posible acercarse con el cine a otras maneras de contemplar la realidad. La diferencia es sustancial.

¿Pero es cierto que la censura agudiza el ingenio de los creadores?
Eso son bromas que se hacen. (Risas)

Pero en las películas que usted produjo durante la dictadura consiguió dar esquinazo a la censura.
Una de mis dedicaciones era buscar fórmulas para engañar a la censura. Tenía algún método para ello, porque la censura era doble, primero del guión y después de la película. Y yo trataba de engañar con el guión para que después les resultara más difícil censurar la película una vez terminada. Hay películas como El espíritu de la colmena, por ejemplo, de las que intentaron cortar diez minutos.

Desaparecida la censura, ¿cuál sería hoy la principal dificultad para sacar adelante una película?
Depende del lugar. Aquí hay una amplia libertad para analizar la realidad, aunque hay zonas donde es difícil, porque hay personas que no se atreven a hablar de diferentes materias o porque la información está manipulada y es prácticamente imposible desentrañar la realidad.

¿Cómo se mantiene el equilibrio para hacer un cine comprometido y que no caiga en lo panfletario?
Cada uno es muy libre de tener su forma de pensar y de plasmarla en las películas, pero a mí, personalmente, no me interesa el cine ideologizado a ultranza. Al menos trato de no caer en esas formas de trabajar.

Aunque siempre ha producido usted documentales, en los últimos años parece más centrado en ese género que en la ficción.
Desde el origen de mi acercamiento al cine siempre procuré hacer películas documentales. Lo que pasa es que antes era más difícil por la censura y ahora resulta más sencillo por la tecnología. Y cada vez será más fácil

Usted ha abordado el fenómeno de ETA en sus documentales. ¿Se atrevería a dar una razón por la que el cine español parece incapaz de alumbrar un filme serio de ficción sobre la cuestión?

No lo sé, de verdad, pero sí que ha habido algunos acercamientos a ese terrible fenómeno. Manuel Gutiérrez acaba de estrenar Todos estamos invitados, pero no puedo opinar porque no la he visto. Es un asunto complicado y lo cierto es que no es fácil hacer ficción con un tema así.

¿Usted se lo ha planteado alguna vez?
No, de momento no.

¿Cuál es el cambio más radical que ha vivido la figura del productor?
El tecnológico. Yo suelo poner el ejemplo del invento de Gutenberg: Del mismo modo que la imprenta cambió radicalmente el universo cultural, la tecnología digital está modificando el mundo de la imagen, las formas narrativas y los modos de acercarse a la realidad.

¿Y los directores? ¿En qué se parecen Víctor Erice o Carlos Saura y Fernando León de Aranoa o Gracia Querejeta?
Ha habido un cambio generacional y, en consecuencia, trabajan de manera diferente, están más cerca de las nuevas tecnologías y, lógicamente, tienen libertad para crear. Pero por lo demás no veo cambios sustanciales.

En el documental que Méndez Leite dirigió sobre usted, ‘El Productor’, Mercedes Sampietro decía que…
No lo he visto.

¿No ha visto el documental?
No, no he querido verlo. Después de perseguirme denodadamente, el pro- ductor Domingo Corral consiguió que yo aceptara participar en él. He ido a alguna presentación, pero en los coloquios siempre he dicho que no había visto la película.

Pues todos los que aparecen le elogian con cariño.
No sé si eso es bueno. (Risas)

Mercedes Sampietro hablaba del sello que tienen todas sus películas, independientemente de quien las dirija.
Jamás me he metido en ese tema. Cada película es distinta. Una vez concluidas, y después del último pase antes de su estreno en salas, jamás vuelvo a verlas. Por eso no sé de marcas ni de sellos. Cada trabajo tiene su propia historia, su propia personalidad.

¿Y que opinión le merece la etiqueta de ‘ productor autor’, que se suele emplear para definirle?
No lo sé. Desde el principio he trabajado de una manera que básicamente consiste en estar cerca del proceso de desarrollo de las películas. Por eso no sé de etiquetas ni marcas.

Tiene fama de colaborar muy estrechamente en la elaboración de los guiones que produce.
En algunos casos soy coguionista y en otros simplemente estoy cerca del proceso, manteniendo siempre una buena relación con los guionistas.

¿Nunca un guionista ha sentido que invadía su terreno?
No, hombre, no. Tenemos un acuerdo cordial y absolutamente abierto, sin ningún tipo de imposición. La que tiene que imponer es la propia película. Es ella la que debe tener voluntad de imponer cómo quiere ser.

¿Y cuál es la línea que nunca debe franquear un productor?
El productor, como cualquier persona, no puede establecer la imposición de su voluntad. Así de claro. Su trabajo es desentrañar cuál es la forma de la narración y, en todo caso, discutir a favor del contenido y el desarrollo de la película.

¿Siente nostalgia de los tiempos pasados?
A veces siento nostalgia cuando vengo a Donosti y paseo y veo los lugares donde viví. Pero no acostumbro a detenerme en la nostalgia.

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