Nasdrovia, camaradas

Juan G. Andrés (@foteropanico)

En este nuevo 2×1 aprovechamos para comentar dos adaptaciones literarias con sabor ruso y bieloruso, Anna Karenina y En la niebla, dirigidas por Joe Wright y Sergei Loznitsa, respectivamente.

Keira Knightley es ‘Anna Karenina’ (2012).

La enésima traslación a la gran pantalla del clásico de Tolstoi encuentra su mayor atractivo en una pirotécnica puesta en escena que tiene tanto de cinematográfico como de musical, operístico y teatral. No en vano, el guión lo firma el dramaturgo Tom Stoppard -recuerden Shakespeare in Love– y buena parte de la acción se desarrolla entre las paredes de un teatro, que lo mismo se transforma en oficina que en restaurante, estación de tren o hipódromo. El cineasta británico Joe Wright no esconde a los tramoyistas y los hace pasar frente a la cámara, que muestra cómo cambian los decorados -grandes lienzos pictóricos que sirven de fondo a muchas escenas- o cómo interpretan la banda sonora del filme. No faltará quien tache la película de poco profunda e irrespetuosa con el original literario, ni quien afirme que el director de Orgullo y prejuicio y Expiación, también adaptaciones de conocidas novelas, prima la forma sobre el contenido. Pero la propuesta es tan sensorial y estética que cualquiera que aprecie los hallazgos visuales y coreográficos disfrutará de esta estética y sensorial Anna Karenina, protagonizada por la actriz fetiche del realizador, Keira Knightley.

Los partisanos y el bosque de ‘En la niebla’ (2012).

Frente a la suntuosidad del relato ambientado en la Rusia imperial se sitúa el áspero laconismo de En la niebla, cuya trama transcurre en la Bielorrusia de la II Guerra Mundial. Ganadora del Premio Fipresci en el Festival de Cannes de 2012, la película de Loznitsa está basada en una novela de un autor menos conocido, Vasiliy Vladimirovich Bykov, que comienza cuando dos partisanos se dirigen a matar a un compatriota que supuestamente les ha delatado ante los nazis. El macabro encargo no sale como esperaban y se desencadenarán una serie de sucesos -algunos de ellos narrados en tres o cuatro efectivos flashbacks– que ponen de relieve el horror de la guerra. Una guerra que, como casi todas las situaciones violentas de la película, aparece siempre sugerida y en off, fuera de plano. Genialmente fotografiado por Oleg Mutu, colaborador habitual del cineasta rumano Cristian Mungiu, el bosque es el escenario principal, y aquí cabría decir aquello tan cursi de que es un personaje más del filme, bello y hostil a partes iguales. A esta interesante obra se le puede reprochar su duración; 130 minutos tal vez sean demasiados para una historia que podía haberse contado en menos tiempo, aunque también es cierto que buena parte del encanto de En la niebla reside en su tono pausado, en sus asfixiantes planos secuencias y en sus lacerantes silencios.

Si estas líneas han despertado tu atención, hoy jueves tienes una última oportunidad de verla, en pantalla grande, en los cines Príncipe de Donostia. Es de suponer que Anna Karenina gozará de una vida más prolongada en cartelera. Salud, nasdrovia, camaradas.

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