Revuelta en el frenopático nipón

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Nos importa un bledo si el currículo del músico japonés Tori Kudo es del todo cierto: que una biografía (inventada o no) diga de alguien que ha sido terrorista de extrema izquierda primero y testigo de Jehová después es una genialidad que merece toda nuestra atención. Tampoco se debe pasar por alto que la banda predilecta de Stephen Pastel es Maher Shalal Hash Baz, nombre tomado del libro de Isaías (Antiguo Testamento) que significa algo así como “muy pronto habrá saqueo y destrucción”. Desde luego, parecían argumentos suficientes para vencer la pereza dominical, calzarse las katiuskas y poner rumbo a Le Bukowski con una expectación más que razonable. Máxime si el bolo lo organizaba Ayo Silver!, esa promotora con más olfato que el sumiller de Arzak.

Ya en los primeros compases el personal parece desconcertado por la extraña presencia escénica de los seis músicos, que tocan ladeados -a veces incluso de espaldas al público-, pendientes del líder y de las hojas que contienen el esquema abocetado de las canciones, algunas improvisadas. Y empiezan a flotar en el aire las preguntas. ¿No suena desafinada la trompeta? ¿Cómo puede molar tanto y meter semejante ruido la guitarra-bandurria eléctrica de juguete de Kudo? ¿En cuál de los siete samurais se ha inspirado el bajista para perpetrar su moño? ¿Es la madre de toda esa disfuncional familia la señora que sopla la melódica entre la hipotermia y el trance? Cuando en el segundo tema la mujer va pasando el micro uno a uno a todos los miembros del grupo para que canten fragmentos de la misma canción -alguno parece realmente un gato apaleado-, la extrañeza se acrecienta más aún.

Se multiplican entonces las risitas y las miradas cómplices entre los espectadores, que siguen preguntándose cosas. ¿Esto va en serio o es una tomadura de pelo? ¿De qué frenopático se han escapado estos adorables locos que tan deliciosamente conjugan disonancia y armonía? ¿Cómo tienen los santos bemoles de torpedear unas melodías que a veces suenan preciosas y otras ejecutadas (nunca mejor dicho) por alumnos de primero de solfeo? ¿Han ensayado cinco veces, dos o ninguna? El concierto sigue su imprevisible curso y el público parece cada vez más a gusto con una propuesta que tiene mucho de jazzística, al menos en lo que a libertad de esquemas se refiere. Por lo demás, Tori Kudo y sus colaboradores optan por el humor y por la diversión, propia pero sobre todo ajena, y dan esquinazo al virtuosismo y a esa visión intelectualizada que tanto daño ha hecho al jazz.

En esencia, eso sí, Maher Shalal Hash Baz es pop, pop deliberadamente imperfecto, bizarro y mágico. También rock, por el guitarreo y por alguna canción que nos recuerda al mejor Lou Reed. Y punk, por la actitud y el descaro. E incluso soul, por ese pepinazo que cierra los bises y el concierto. Kudo y sus cinco kamikazes caminan muy cerca del precipicio pero no llegan a inmolarse. Todo lo contrario: su música es  frágil, contagiosa y efímera, casi irrepetible. Al finalizar el concierto, un mismo nombre pasa de boca en boca. “Suena a Daniel Johnston pero en japo”, repiten los ojipláticos presentes sin dejar de pellizcarse. Y solo cabe terminar estas líneas al grito de BANZAI!!!!

Pero la noche la había inaugurado Giorgio Bassmatti, que actuó en su segunda casa más centrado que nunca en lo vocal y en lo instrumental, divertido en los comentarios entre canción y canción pero serio en la intepretación de un manojo de melodías rebonitas, cantadas casi todas en euskera (ya bromeó al advertir de que la noche iba de idiomas raros). Rodeado de lo que él llama “musikalagunak” (amigos que le siguen/seguimos de actuación en actuación), el donostiarra ofreció una sesión muy similar a la del Doka que compartió con Balerdi Balerdi hace un par de meses. Gustó -y mucho- su reformulación del What You Want de My Bloody Valentine y sorprendió a quienes no la habían escuchado su preciosa versión en euskera del Northern Sky de Nick Drake. Habitualmente no es así, pero esta vez, en contraste con la locura de los japoneses que vendrían después, Bassmatti pareció el cuerdo del programa. XD

PS: Nos consta que hubo quien grabó varias canciones del concierto de Maher Shalal Hash Baz, pero hasta que aparezcan los vídeos, ahí va nuestra pequeña aportación. Tori Kudo toca los teclados mientras la amoña japonesa canta/improvisa una canción que parece la banda sonora de una serie anime. La bulla que mete el público al final del tema refleja el entusiasmo con el que fue recibido el grupo.

 

14 Comments on “Revuelta en el frenopático nipón

  1.  by  Bassmatti

    Eskerrik Asko Juan! unas fotos preciosas, como siempre. Y el tyexto, a juego. Acepto maquinillas de afeitar como regalo 🙂

    •  by  Juan G. Andrés

      Mila esker!!!
      ¡Bien pensada esa idea para regalar, pero yo también estoy necesitado de maquinilla de afeitar!
      XD

    •  by  Juan G. Andrés

      Jajajaja!!!
      En defensa de los japos diré que no fue el tema más atinado de la velada, pero sí el único que pude grabar.
      XD

  2.  by  escéptico

    Ya me imagino, en las demás canciones se quitaban los disfraces y versioneaban a Sabina.

  3.  by  Eitzel

    Direis misa pero parece una tomadura de pelo en toda regla…

    •  by  Juan G. Andrés

      Insisto, Eitzel. Tampoco te fíes mucho de la canción del vídeo en concreto, porque no tiene demasiado que ver con el resto del concierto.
      Aunque también es verdad que si me dices que el grupo te parece una mierder, sería incapaz de convencerte de lo contrario.
      En otras ciudades donde han tocado, han suscitado más división de opiniones. En Donostia quizá seamos más snobs (XD) pero la opinión fue mayoritariamente favorable a esa prole de japoneses locos…

  4.  by  Eitzel

    Yo me alegro de no haber ido y vosotros lo pasasteis pipa, así que genial para todos!! 😉

  5.  by  juanra

    yo creo que para disfrutar minimamente de ese concierto había que tener “el día”, yo el domingo me lo pasé bien, me rei a ratos (sobre todo en el tema en el q el micro rulaba de uno a otro), otros momentos me dejaba llevar por las melodías que parecían cogidas con pinzas, y otros me desesperaba un poco pensando “esta canción tocada con fundamento sería la ostia”.
    Entiendo perfectamente q haya gente q salga indignada de sus conciertos, yo el domingo no, pero no digo que otro día me hubiese largado a la mitad 🙂
    luego otra cosa es ya plantearte lo que tiene su propuesta de impostado o auténtico, pero ese es ya otro tema …

    •  by  Juan G. Andrés

      ¡Bastante de acuerdo con lo que escribes, Juanra!
      Y generaría un buen debate eso último que planteas. Lo que a nosotros desde fuera nos puede parecer impostado, al japo que lideraba esa manada de locos le puede salir de dentro, aunque también es verdad que la base, el fondo de las melodías, es objetivamente precioso.
      No sé qué pensar…
      XD

  6.  by  Josu Bukowski

    No sé…
    Respetando todas las opiniones, se puede aceptar que uno se alegre de no haber asistido a un espectáculo, sí.
    Pero es más dudoso que se pueda califiar un evento sin haber asistido a él.
    Es cierto que el fragmento del vídeo puede ofrecer una impresión de imperfección total. Así lo fué. Pero como sabiamente ha explicado Juan en su acertada crónica, esa sensación de “tomadura de pelo” ya planeaba desde el inicio en las mentes del respetable.
    No parecía por ello presumible, que ese combo de asimetría friky del Sol naciente, se metiese en el bolsillo a los escépticos que asistiamos a su particular harakiri escénico. Pero les dimos una oportunidad… Y eso significa tragarse el concierto. Y a veces da pereza, como leer a Tolstoi.
    Pero ocurrió. Nos ganaron. De ahí la palabra Artista.
    He visto más de 1.500 conciertos en Le Bukowski, y empieza a estar complicado que alguien te sorprenda.
    El Domingo con los Japos y Bassmati me lo pasé en grande.
    Y otros vinieron a Dover…

    Belauniko,

    Josu

  7. Pingback: Concierto 10 de febrero 2013: Musila(la)gunak | Giorgio Bassmatti

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