Un concierto delicioso y (casi) sin aplausos

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Una antiquísima convención establece que en los conciertos uno aplaude  -si quiere y le gusta lo que está escuchando, claro- entre canción y canción. Se supone que los  aplausos y los vítores animan a los músicos y les ayudan a sentir en ese mismo instante la reacción del público. Hay excepciones a esa práctica y en las sesiones de jazz, por ejemplo, se puede jalear a los artistas incluso en la mitad de la interpretación, especialmente durante los solos. Y en el extremo opuesto se encuentran algunos recitales de música clásica o más intimista en las que los músicos piden expresamente a los espectadores que guarden silencio hasta el final de la función.


Eso es exactamente lo que hizo Joserra Senperena el viernes en el Club del Victoria Eugenia, donde primero tocó solo al piano piezas del disco Cuentos para adultos y luego, acompañado por el violinista Xabier Gil y la acordeonista Naiara de la Puente, interpretó al completo su reciente 10 trio piano, biolin eta akordeoirako. Antes de empezar, el donostiarra pidió silencio hasta que finalizara el último de los tríos que componen el álbum, pues entiende que sus diez temas forman una obra única y completa que debe escucharse de principio a fin, sin interferencias, al estilo de las suites clásicas compuestas de varios movimientos breves.

Esa querencia por el clasicismo de la música contemporánea instrumental, que a veces asusta al público por desconocimiento y/o por ser demasiado abstrusa, halla el contrapunto perfecto en la estructura de unas canciones con alma pop: por su duración breve, por su estructura y por sus reconocibles estribillos. Como decíamos en la doble reseña del otro día, aunque esta propuesta tenga momentos cercanos a la abstracción y a la vanguardia, la melodía termina imponiéndose sobre el conjunto y la música se convierte en un disfrute sobrio, elegante y delicioso. Así fue al menos para los espectadores del Club, que hicieron verdaderos esfuerzos para contenerse y no ovacionar cada una de las diez canciones que, a modo de cinematográfica banda sonora, sugieren imágenes y diversos estados de ánimo.

Tras haber captado durante 40 minutos la silenciosa y respetuosa atención del público, Senperena y sus músicos recibieron al fin su merecido aplauso, que fue seguido de varias piezas escritas para la obra de Tanttaka Teatroa Contra el viento del norte. A modo de propina volvió a interpretar, solo al piano, un pasaje de Joan,  proyecto realizado hace algunos años junto al escritor Patxi Zubizarreta. Fue entonces cuando estallaron, ya libres y sin cortapisas, los aplausos, que fueron, entonces sí, ruidosos y distendidos, pero muchos menos de los que merecían Gil, De la Puente y el maestro Senperena.






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2 Comments on “Un concierto delicioso y (casi) sin aplausos

  1.  by  Poulidor77

    Un día leí una entrevista al pinaista chino Lang Lang y decía que en China, al no tener una tradición de música clásica, no tenían los mismos convencionalismos y normas que en Europa y América con los conciertos. Allí, por los visto, si que suelen aplaudir durante las interpretaciones de los conciertos. Supongo que para los aficionados europeos tiene que resultar tremendamente molesto encontrarse algo así.

  2.  by  vizcayado

    Tampoco debería aplaudirse en los recitales de música destinada a acompañar los oficios religiosos. Ni siquiera una vez finalizado el acto. El silencio es inherente a esa música.

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