Tamborrada garagera

Juan G. Andrés (@foteropanico)

En el exterior del Bukowski se escuchaban anoche los sones de la marcha de San Sebastián interpretados por una de las sociedades del barrio. El garito de Egia, mientras, albergaba su propia fiesta alternativa (o complementaria) al día grande de Donostia: una explosiva tamborrada garagera a cargo de The Fleshtones. “Probablemente la banda más divertida del planeta”, habían prometido los organizadores con una frase promocional que, quizá fuera un tanto exagerada, aunque la función resultó bien amena y se pasó en un suspiro. Sin embargo, hay una cosa que no se le puede negar al cuarteto neoyorquino: es uno de los mejores grupos de la historia del garage. Y también uno de los más longevos. El vocalista Peter Zaremba lleva  correteando por los escenarios junto a sus muchachos desde hace casi 40 años. Debutaron en el CBGB’s e incluso compartieron local de ensayo con The Cramps. Con una formación que apenas ha cambiado desde sus inicios, continúan en plena forma, tal y como pudieron comprobar los espectadores que el domingo abarrotaron el local.

No cabía ni un ánima más en Le Bukowski, que fue la sauna perfecta para expulsar las toxinas acumuladas en la noche anterior. Pese al asfixiante calor y al evidente superávit de resacas, la parroquia bailó desenfrenadamente al ritmo de las coreografías desplegadas por The Fleshtones, que a veces parecían estar impartiendo una clase de aerobic más que ofrecendo un concierto. Zaremba, que gesticulaba más que Jim Carrey, llevó la voz cantante, tocó el órgano de manera ocasional e insistió en que el personal girara sobre su propio eje. La sección rítmica se mantuvo en un discreto pero eficaz segundo plano mientras Keith Streng, ese larguirucho guitarrista calcado a José Oneto (qué flequillazo, por dios), lanzaba patadas al aire, brincaba como un poseso y mostraba su amplio surtido de poses guitarreras; también tomó prestado el micro para cantar algunos temas con potente voz hardrockera, sublimada en la versión del Communication Breakdown de Led Zeppelin. El cuarteto también flirteó con el punk y el rockabibilly, aunque lo que predominó fue, por supuesto, el garage. Garage del bueno, directo y sin aditivos, pero siempre acompañado por una dicharachera puesta en escena que culminó con el santo patrón de la fiesta encaramado a la barra del bar y coronado con el clásico gorro de cocinero/tamborrero. Gu beti pozez, beti alai!!!







2 Comments on “Tamborrada garagera

  1.  by  Jon

    Conciertazo, si señor! Me encanta la foto de Zaremba avalanzádose al público..!

    •  by  Juan G. Andrés

      ¡Gracias por comentar, Jon!
      La verdad es que había mucho peligro en las primeras filas, no solo por Zaremba, sino por su escudero Pepe Oneto.
      🙂

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