Sigfrido negro, algodón rojo

Juan G. Andrés (@foteropanico)

Asistir al estreno de una película de Quentin Tarantino siempre provoca una mezcla de nervios y expectación: es, como suele decirse, un acontecimiento, porque el director de la mandíbula batiente no acostumbra a defraudar. Con la excepción de Death Proof y, en menor medida, de Kill Bill vol.1, su cine suele rayar en lo sobresaliente. También resulta fabulosa su última película, Django desencadenado, que se estrena hoy y supone, por fin, la zambullida del excesivo cineasta en el western. A ese género se ha arrimado estéticamente muchas veces, pero hasta la fecha nunca había ambientado un filme en esa época. Ahora, los silbidos de las canciones de Morricone, los zooms exagerados y los tiroteos al ralentí, encuentran acomodo en su contexto natural gracias a la historia de Django (Jamie Foxx), un esclavo que en 1858 rompe sus cadenas y se convierte en un Sigfrido negro al rescate de su amada Brunilda.

El autor de Pulp Ficion y Jackie Brown lo ha vuelto a hacer. Ha parido una ópera gozosamente disfrutable de principio a fin en la que las salpicaduras de sangre sobre el algodón abundan tanto como la violencia salvaje, el humor desenfrenado, los diálogos made in Tarantino y los homenajes. En este filme que es spaguetti-western, blaxploitation, buddy movie y cualquier subgénero que el realizador se proponga mezclar en su túrmix, el robaplanos Christoph Waltz deslumbra con sus dotes interpretativas y un personaje muy similar al coronel Landa de Malditos bastardos: si allí encarnaba a un sanguinario nazi cazador de judíos, en esta es King Schultz, un sacamuelas/cazarrecompensas alemán que considera la esclavitud “una memez” y que ayuda al protagonista a ejecutar su venganza.

No conviene desvelar demasiado la trama y las situaciones, pero estén atentos a la secuencia de presentación de Django, a su primera misión (intente reconocer a Don Johnson antes que su compañero de butaca), al impagable momento en que los miembros del Ku Klux Klan son ridiculizados como nunca y también a esa tensa cena de media hora que recuerda a la escena del bar de Malditos bastardos. La música, cómo no, merecería un post aparte (aquí y aquí hablan de ella), pues en la misma banda sonora figuran Ennio Morricone, que ha escrito un par de piezas originales para el filme, o Luis Bacalov, que rescata la partitura que escribió para el homenajeado Django (1966) de Sergio Corbucci. Junto a ellos, un largo etcétera de músicas repescadas de títulos como Dos mulas y una mujer o Le llamaban Trinidad, así como un gran surtido de temas que van del funk al soul pasando por el pop, el country y, sí amigos: ¡el hip hop!


Háganse un favor. Vean la película en versión original subtitulada. Si viven en o cerca de Donostia, vayan a los cines Trueba, porque solo así disfrutarán de la soberbia interpretación del austríaco Waltz, que vuelve a jugar con la lengua alemana, y de los papeles que interpretan un Leonardo DiCaprio pasado de rosca y un Samuel L. Jackson de lo más sorprendente. Tal vez no sea la mejor película de Quentin Tarantino, pero sus tres horas (pelín largas para algunos, amenísimas para el arriba firmante) van, nunca mejor dicho, como un tiro. Tanto que volveríamos a verla de nuevo hoy mismo. Black Power!

 

10 Comments on “Sigfrido negro, algodón rojo

  1.  by  Poulidor77

    Ya te dije ayer que a mi, aunque menos, me gusta hasta Death Proof. Tiene momentos de puro gozo.

    Esta es fantástica, la capacidad que tiene Tarantino de mantener el pulso narrativo es impresionante.

    •  by  Juan G. Andrés

      Habrá que volver a verlas, tanto Death Proof como los dos Kill Bill. Solo las he visto una vez y creo que son menores que Reservoir Dogs, Pulp Fiction, Jackie Brown y Malditos bastardos. Aunque llevas razón, Ricardo: el tipo es tan jodidamente bueno (como diría uno de sus personajes) que quizá nos hayamos acostumbrado a él. A ver qué hace ahora, se rumoreaba que iba a volver a la II Guerra Mundial, con una especie de spin-off de los bastardos… A esperar otros tres o cuatro añitos. XD

      •  by  Iñaki Ortiz

        Estoy de acuerdo con Poulidor en que Kill Bill es un ballet. Lo de menos son las artes marciales, es un espectáculo de música, color y excesos. Después de Pulp Fiction y Reservoir Dogs, la mejor! Creo que tiene muchos más elementos intemporales, puramente sensoriales, que otras (muy) buenas películas de Tarantino como Malditos Bastardos. Y en cuanto a impacto social, me parece claramente una de las más importantes de Tarantino. La imagen de Uma con el chandal amarillo. Fragmentos como la pelea con los noscuantos maníacos… eso ya queda para la posteridad. No tengo claro que en Jackie Brown o Malditos Bastardos haya conseguido lo mismo.

        Y para mí sí tiene sentido que sean dos partes. De hecho, me parecen dos películas muy diferentes, con tonos distintos. La 2 no tiene esa potencia visual, ni llega a la altura de la banda sonora de la primera (a pesar de tener dos temazos de Morricone espectaculares). Si hay una tercera parte algún día, tendrá otro tono, y lo veremos como tres partes diferenciadas.

        •  by  Juan G. Andrés

          Es cierto que es un ballet, pero como no me gusta mucho la danza… #chistemalo XD En fin, supongo que me perdí en las coreografías… En lo que sí estamos de acuerdo, Iñaki, es en su tremendo poder icónico: el buzo amarillo, la moto…

          Quizá a Malditos bastardos le falte ese impacto, pero la disfruté enteramente, sin ningún ‘pero’. Y Jackie Brown, la peli más contenida de Tarantino, me sigue pareciendo una preciosidad de película. Me encanta la historia y me encantan sus personajes. ¡Y la banda sonora, que es de las mejores!

  2.  by  Ricardo Aldarondo

    Yo estoy con Juan: los Kill Bil y Death Proof son lo más flojo de Tarantino. Los Kill Bill me parecen un exceso total en varios sentidos: borrachera de citas cinéfilas hasta desvirtuar la personalidad propia, alargamiento hasta la desesperación de la trama, y escaso pulso narrativo. Y Death Proof, un guiño simpático sin más.

    •  by  Juan G. Andrés

      A mí encima el cine de artes marciales no me interesa prácticamente nada. Por eso disfruté más con la segunda, en la que la historia tenía más chicha. De Death Proof recuerdo con agrado la última persecución y poco más…

  3.  by  Poulidor77

    A mi “Death Proof” me parece lo más flojo de Tarantino, sin duda, pero ¡¡me gusta!! El peor Tarantino no quiere decir malo. Todavía no he ido a ver una película suya al cine con la sensación de haber tirado la entrada.

    En Death Proof, toda la 1a historia me parece extraordinaria. Como va creando la tensión en el bar, el momento streap tease, la charla en la barra…

    La 2a es más floja, pero lo compensa con la persecución final.

    En cuanto a Kill Bill, la 1a si que está terriblemente alargada; pero la disfruto por su plasticidad, como si fuese un ballet. Y la 2a es una joyita.

    •  by  Juan G. Andrés

      ¿Ves, Poulidor77? Efectivamente, tengo que volver a ver Death Proof. ¡No recuerdo lo del bar! 🙁

      De Kill Bill nunca entendí la necesidad de dividirla en dos partes, y la segunda me pareció bestial: desde el momento ‘buried’ hasta el último parlamento de Bill.

      ¿Habrá tercera parte? Con Tarantino nunca se sabe, porque cada día anuncia dos o tres proyectos nuevos.

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